Ataque cerebral

Controlando Colesterol


La cintura !!

La diabetes

La masa ósea

LA CINTURA DELATA EL RIESGO CARDIACO
Si aumenta más de 14 cm, el peligro sube hasta un 40%

ATLANTA, Estados Unidos.- Si aún no está totalmente convencido de que esos rollitos de más que tanto le molestan frente al espejo son poco saludables, le interesará saber que debe estarlo... El tejido adiposo que se forma dentro del abdomen es peligroso, en especial, para el corazón.

¿Cómo podemos medir nuestro riesgo? Distintos trabajos presentados ayer en la 55ª Reunión Anual del Colegio Americano de Cardiología en esta ciudad confirman que el tamaño de la cintura es un indicador independiente de la cantidad de esa grasa intraabdominal precursora de la inflamación de la pared arterial y, por lo tanto, de enfermedades cardiovasculares. Uno de esos estudios se realizó en 63 países, incluida la Argentina.

"Por cada 16 años que envejecemos se triplica la posibilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares. Y para poner a la obesidad en perspectiva, por cada 14 y 14,9 centímetros de aumento del tamaño de la cintura [con respecto a los valores de referencia] en hombres y en mujeres, respectivamente, el riesgo cardiovascular aumenta de 21 a 40 por ciento", dijo ayer a LA NACION el doctor Sydney Smith Jr., miembro del panel de expertos que dirigió este estudio multicéntrico y preside el Consejo de Asesores de la Federación Mundial del Corazón. De modo que al igual que la edad, para el experto, la circunferencia de la cintura comienza a posicionarse como un indicador de riesgo cardiovascular.

"Necesitamos conocer el tamaño de nuestra cintura, como nuestra edad, nuestra presión arterial y nivel de colesterol", insistió Smith, que además es director del Centro de Ciencia y Medicina Cardiovascular de la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU).

En el denominado estudio IDEA, según sus siglas en inglés,por Día Internacional de Evaluación de la Obesidad Abdominal, 6407 médicos clínicos les midieron el perímetro de cintura durante 24 horas de junio de 2005 a los 168.159 pacientes de entre 18 y 70 años que ingresaron en sus consultorios. En la Argentina participaron 3000 pacientes y más de 50 médicos.

Según los resultados obtenidos, en promedio, el 16% de los hombres y el 12,5% de las mujeres participantes padecían ya de enfermedad cardiovascular. En América latina, esa cifra fue del 10% contra el 26% en Europa oriental. En cuanto a la cantidad de personas con sobrepeso y obesidad, "entre el 60 y el 70% de la población estudiada superaba su peso normal", afirmó el profesor Jean-Pierre Després, miembro del panel de expertos del IDEA y director de Investigación en Cardiología del hospital de la Universidad Laval, en Québec, Canadá, que fue el país que obtuvo las cifras más altas: allí el 75% de hombres y 65% de las mujeres tenían sobrepeso.

"Comprobamos que en todas las regiones estudiadas (que excluyeron los Estados Unidos) existe una fuerte relación entre el perímetro de la cintura y las enfermedades cardiovasculares, tanto en las poblaciones más obesas como en las más delgadas; es decir, independientemente del índice de masa corporal", señaló a LA NACION el endocrinólogo Steve Haffner, profesor del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de San Antonio, Texas (EE.UU.) y responsable de presentar los resultados del IDEA.

En la Argentina, el 42% de las mujeres que participaron del estudio excedían los 88 centímetros de cintura y el 40% de los varones superaban los 102 centímetros, ambos valores considerados normales. Al medir el índice de masa corporal o IMC, el 61% de las mujeres (el 34% con sobrepeso y el 27% con obesidad) y el 77% de los hombres (45% con sobrepeso y 32% con obesidad) tenían un BMI superior a 25, es decir más alto que el valor considerado normal para el peso y la estatura.

"Se podría deducir que a los argentinos nos gusta comer y la mayoría tiene algunos kilos de más -dijo el doctor Juan Krauss, coordinador del IDEA para la Argentina-. Este estudio demuestra que entre los 35 y los 55 años, el IMC de los argentinos aumenta y que después de esa edad empieza a bajar."

Además, el trabajo demostró que, a mayor nivel educativo, menor IMC; que entre los desempleados y los jubilados ese índice es más alto y que el tabaquismo influye en el descenso del IMC debido a los elementos anorexígenos del tabaco. "Están más flacos, pero, ¿a qué costo?", se preguntó Krauss, coordinador del Area Ambulatoria de Cardiología del Instituto del Corazón del Hospital Italiano.

Un recurso práctico

Pero, ¿qué pasa con la cintura?

Se vio que el IMC y el perímetro de la cintura fue mayor en los habitantes de áreas rurales que en las áreas urbanas. Entre las mujeres de 45 a 60 años, la cintura aumentaba con la menopausia.

"Todos los médicos controlan la presión en la consulta. Algunos pesan a los pacientes. Muy pocos les miden la cintura", insistió el doctor Krauss. Es que, de imponerse este control en la consulta con el médico clínico y también en casa, el conocido centímetro de costurera se convertiría en un recurso práctico para prevenir enfermedades cardiovasculares a largo plazo.

"Medir la circunferencia de la cintura únicamente no es suficiente, pero es mejor que basarse sólo en el BMI -comentó Després-. Si a una cintura amplia la acompaña un nivel normal de triglicéridos en la sangre, la grasa acumulada es subcutánea y no tan peligrosa. En cambio, si los triglicéridos están altos, la grasa es visceral", es decir, oculta entre los órganos.

Para Krauss, lo mejor para un buen diagnóstico del riesgo cardiovascular es tener en cuenta el IMC y la cintura del paciente, en especial, en personas con mucha masa muscular. "El IMC no indica el grado de grasa intrabdominal, mientras que la medida de la cintura, sí", dijo.

Sin hacer trampas y colocado a la altura del ombligo, el perímetro no debe superar los 102 centímetros en el hombre y los 88 en la mujer hasta que las sociedades científicas elaboren un consenso definitivo que indique el punto de corte adecuado según el sexo, la edad y la etnia.

Aunque sobre esto último, la Federación Internacional de Diabetes se animó en 2005 a dar el primer paso. Preocupados porque el 80% de las personas diabéticas muere por enfermedad cardiovascular, los médicos establecieron medidas bastante más estrictas, en especial para los caucásicos: 94 centímetros para ellos y 80, para ellas.

En la Argentina, el 61% de las mujeres y el 70% de los varones participantes del estudio superaban esos valores. "Si el tamaño de la cintura es elevado, la persona debe pedirle al médico que controle el nivel de triglicéridos en la sangre. Si ambos están altos, hay un 80% de probabilidad de que la persona tenga síndrome metabólico", explicó Després.

Otro trabajo realizado por investigadores del Centro Médico Universitario de la Universidad de Groningen, Holanda, sobre 7680 pacientes, demostró que la circunferencia de la cintura y la relación entre ésta y la cadera aportaban más información del riesgo de sufrir un infarto, una isquemia cardíaca, un bypass o de morir que otros indicadores.

"Observamos que la medida de la cintura, y la relación entre ésta y la cadera fueron indicadores más precisos de eventos cardíacos entre los pacientes y probamos estadísticamente que son mejores predictores que el IMC", señaló a LA NACION la bióloga Anne Chris Jonkers, investigadora principal del estudio.

Para la experta, un IMC elevado no necesariamente indica un riesgo aumentado, dado que "no aporta información de la distribución de la grasa del paciente".

Fuente: Fabiola Czubaj - La Nación 15 mar 2006


EL VERTIGO POSICIONAL
Que afecta con frecuencia a los mayores de 65

Se trata de los que se originan en problemas del oído, y se resuelven con simples maniobras de reposicionamiento.


Tomar algo para combatirlos o esquivarlos es el consejo que muchos apuran y es, también, la solución que elige la mayoría de las personas que los padecen. Sin embargo, algunos expertos aseguran que casi la mitad de los mareos se pueden curar sin medicación. Y que esa fea sensación de que "todo gira o se tambalea alrededor nuestro" puede desaparecer con un tratamiento de lo más sencillo.

Así lo afirma un informe de Equilibrar, Centro para el Tratamiento de Trastornos del Equilibrio, que revela que una afección del oído interno denominada "vértigo posicional" ocasiona casi la mitad de los casos de mareos que se registran en las consultas médicas. Esta patología es frecuente en los mayores de 65 años, quienes, a partir de la pérdida del equilibrio, suelen sufrir caídas que a veces terminan en fracturas (sobre todo de caderas) que pueden ser muy complicadas en la tercera edad.

Según los especialistas, muchos de los pacientes con este problema aprenden a convivir con los mareos o empiezan a deambular de médico en médico en busca de alguna solución. "Uno de los consultorios más visitados es el de traumatología, por el mito de que las cervicales ocasionan mareos. Ese es un gran error; a lo sumo, éstas duelen por la posición adoptada para evitar el vértigo, pero no provocan mareos", asegura el doctor Guillermo Videla, al frente del departamento de Neurootología.

También se buscan respuestas en el clínico, el neurólogo, el oftalmólogo y hasta en el psiquiatra. Pocos saben que hay una nueva especialidad, la neurootología, que está empezando a aportar soluciones interesantes. Para evitar el peregrinaje por distintos médicos, vale buscar ayuda en los lugares donde trabajan específicamente con los trastornos del equilibrio.

Los mareos reiterados afectan la calidad de vida y limitan los movimientos de las personas. "Es un sufrimiento innecesario: la mitad de los mareos de debe a un problema del oído interno llamado Vértigo Posicional Paroxístico Benigno, que en el 90% de los casos se resuelve con maniobras de reposicionamiento. No requiere medicación y se cura en una o dos consultas", destacó el especialista.

El vértigo posicional genera mareo, inestabilidad, sensación de "cabeza vacía", de estar ebrio y de caminar sobre algodones. Se desencadena ante determinados movimientos: levantarse y girar sobre la mesa, extender el cuello o inclinarse para mirar hacia arriba o atrás (por ejemplo, al tender la ropa o lavarse el cabello en la peluquería). Suele presentarse durante algunas semanas, desaparecer y luego retornar.

El control del equilibrio depende de tres sistemas que proporcionan información al cerebro: la visión, la propiocepción y el sistema vestibular del oído interno. Cuando los datos son contradictorios o alguno de los sistemas no funciona correctamente, aparecen síntomas como el vértigo y la inestabilidad.
fuente: Clarín, 15 jul 2006


Ejercitando la memoria

¿QUE ES LA DIABETES?
¿Y cómo puedo controlarla?

Cuando se tiene diabetes, el cuerpo no produce suficiente insulina, o no puede usar su propia insulina de manera correcta, o ambas condiciones existen a la vez. Eso hace que se acumule demasiada azúcar en la sangre. La mayoría de la comida que comemos se convierte en glucosa, o azúcar, para que nuestro cuerpo la use como energía. La insulina es una hormona necesaria para convertir la azúcar y otros alimentos a energía y ayudar a que la glucosa entre a las células del cuerpo. El páncreas, un órgano cerca del estómago, produce la insulina.

¿Existen diferentes tipos de diabetes?

Esta enfermedad tiene dos formas principales:
tipo 1 y tipo 2. La tipo 2 es más común. De 90 a 95 por ciento de los casos (17 millones) de diabetes en los EE.UU. son del tipo 2. Se manifiesta con más frecuencia en los adultos de edad mediana o avanzada.
A menudo se asocia con la obesidad o la falta de actividad física. La diabetes tipo 2 se desarrolla cuando el cuerpo no produce suficiente insulina y no usa la insulina producida de manera correcta (resistencia a la insulina). La diabetes tipo 1, o juvenil, generalmente comienza a una edad temprana.
Resulta de la incapacidad del cuerpo de producir insulina. Las personas que la padecen deben recibir inyecciones de insulina cada día para regular la glucosa (azúcar) en la sangre.

¿Estoy en riesgo?

La diabetes está en aumento. Eso se debe a que más gente tiene sobrepeso, no hace suficiente actividad física y está envejeciendo.
Pero además, mucha gente más joven está desarrollando diabetes a un ritmo alarmante. Probablemente, eso es porque el sobrepeso y la falta de actividad física también están en aumento en ese grupo.
o Las personas de varios grupos étnicos parecen estar más predispuestas a desarrollar la diabetes tipo 2:
o Los hispanos/latinos
o Los afroamericanos
o Los nativos americanos
o Los asiáticos (especialmente los asiáticos del sur)

¿Cómo se puede controlar?

La diabetes es un factor de riesgo principal para los ataques al cerebro y las enfermedades del corazón. Eso significa que puede ser tan serio como el fumar, el colesterol alto en sangre, la presión alta, la inactividad física o la obesidad. Si usted tiene diabetes, es muy importante hacerse chequeos con regularidad. Colabore estrechamente con su proveedor de servicios de salud para manejar la diabetes y reducir cualquier otro factor de riesgo:

o Controle su peso y su colesterol en sangre con una dieta baja en grasa saturada y en colesterol.
o Haga actividad física por lo menos 30 minutos la mayoría o todos los días de la semana.
o Si consume bebidas alcohólicas, no beba más de una copa por día si es mujer o dos si es hombre.
o Baje su presión arterial si está demasiado alta. No fume, y evite el humo del tabaco de otros.
o Ciertas medicinas pueden ayudarle a controlar la presión arterial, el colesterol y la glucosa en sangre. Su médico le dirá si alguna es adecuada para usted. Si toma medicamentos, tómelos exactamente como se lo hayan indicado. Si tiene preguntas sobre la dosis o efectos secundarios, pregúntale a su médico o farmacéutico.

Fuente: American Heart Association

 


EL MALTRATO COTIDIANO ENFERMA


La Organización Mundial de la Salud extendió el concepto de salud a la suma del bienestar físico con el psíquico y social. Esa idea integral tambalea ante nuestra realidad, en la que sortear el tránsito o lograr viajar en avión o en tren generan malestares de todo tipo.

Todavía se recuerda hoy, casi sesenta años después, la definición que dio la Organización Mundial de la Salud: la salud es extensión del bienestar físico hacia el psíquico y el social, afirmando un concepto de salud integral que comprende todos los aspectos de la vida.

Sin embargo en los hechos, la salud sigue vinculada formalmente a la medicina, cuya meta de prevenir, curar y aliviar -según se pueda- resulta su principal mandato.
La pregunta central que debe responderse es cuál es el nexo entre la salud declamada y requerida y nuestra vida cotidiana. De qué vida y de qué salud estamos hablando.

Porque, así las cosas, hoy no hay argumentos ciertos para confiar en cambios inmediatos si todos los actores sociales no reconocen autocríticamente su responsabilidad. No estamos, desde hace bastante tiempo, bajo el efecto directo de hechos que conmocionaron nuestro país hasta extremos que comprometieron nuestra viabilidad como nación; sin embargo, el maltrato diario que se ejerce y se padece en el ajetreo del tránsito, del trámite o del transporte es siempre insoportable. Cómo será posible disfrutar de una salud integral si diariamente -caminando o en un vehículo terrestre, o en un viaje aéreo- toda la sociedad está sometida a graves imprevistos y a imposiciones de terceros, de las que frecuentemente nacen la inseguridad, el accidente o incluso la muerte.

Lo excepcional se ha vuelto frecuente y el desatino forma parte de la normalidad de todos los días. Cómo creer que se comprende el concepto de salud si, hasta dentro de los propios hospitales, se toleran manifestaciones tumultuosas y corporativas en un recinto destinado al cuidado de quienes requieren protección y respeto.
Estas situaciones, que forman parte de nuestra vida cotidiana, perturban la salud de nuestra sociedad porque alimentan la imprevisibilidad, la angustia, el descuido y la irreflexión, y terminan constituyéndose en agentes de enfermedad.

No basta con no olvidarse de aplicarse una vacuna si al mismo tiempo no nos vacunamos contra la peligrosa incertidumbre que acecha la vida cotidiana. Así como la salud corporal no se previene con el deporte imperativo ni con maratones, la salud psíquica tampoco se resuelve con mejores sedantes. Tampoco es bueno el refugio de nuestros jóvenes en la noche, el ruido, el vértigo y el vagabundeo callejero sin sentido. Pero la salud social, en grave déficit en nuestro país, puede derivar en comportamientos aún más perjudiciales.
Fuente: Carlos Gherardi DOCTOR EN MEDICINA - Clarín, 18 jun 2007


El maltrato

La disfagia

COLESTEROL
¿Qué significan mis cifras de colesterol?

El colesterol alto en sangre se asocia con mayor riesgo de un ataque al corazón o de un ataque al cerebro. Por eso, es importante hacerse chequear el colesterol con regularidad y hablar de ello con su médico. Un "perfil de lipoproteínas" es una prueba para determinar sus cifras de colesterol. La prueba proporciona información sobre el colesterol total, el colesterol LDL malo) y el colesterol HDL

¿Qué significan mis cifras de colesterol?

Colesterol total en sangre:
De menos de 200 mg/dL = Deseable - menor riesgo
De 200 a 239 mg/dL = Límite alto - mayor riesgo
De 240 mg/dL o más = Colesterol alto - más del doble de riesgo que el nivel deseable

¿Qué nivel de colesterol total debería tener?
HDL son las siglas en inglés de lipoproteína de alta densidad. El HDL es el colesterol
"bueno" porque parece disminuir el riesgo de un ataque al corazón o de un ataque al cerebro. Eso significa que - a diferencia de otros tipos de colesterol - cuanto más alto sea su HDL, mejor.
Usted puede elevar su HDL dejando de fumar, bajando de peso y haciendo más actividad física.

Niveles de colesterol HDL:
De menos de 40 mg/dL = Colesterol HDL bajo - mayor riesgo
De 40 a 59 mg/dL = Cuanto más alto su HDL, mejor
60 mg/dL o más = Colesterol HDL alto - menor riesgo

LDL son las siglas en inglés de lipoproteína de baja densidad. LDL es el portador principal
del colesterol "malo" en la sangre.
Tener el colesterol LDL alto significa que hay mayor riesgo.

Niveles de colesterol LDL:
De menos de 100 mg/dL = Óptimo para las personas con enfermedades del corazón o diabetes
De 100 a 129 mg/dL = Casi o superior a óptimo
De 130 a 159 mg/dL = Límite alto
De 160 a 189 mg/dL = Alto
De 190 mg/dL o más = Muy alto

¿Qué nivel de triglicéridos debería tener?
Los triglicéridos son el tipo de grasa más común en el cuerpo. También son una fuente importante de energía. Provienen de los alimentos y el cuerpo también los produce. A medida que la gente envejece o sube de peso, los triglicéridos y el colesterol tienden a aumentar.
Mucha gente que tiene enfermedades del corazón o diabetes tiene los triglicéridos altos en ayunas. Algunos estudios muestran que la gente con los triglicéridos más altos que lo normal (150 mg/dL o más) en ayunas tiene más riesgo de enfermedades del corazón y de ataques al cerebro.

Triglicéridos:
De menos de 150 mg/dL = Normal
De 150 a 199 mg/dL = Límite alto
De 200 a 499 mg/dL = Alto
De 500 mg/dL o más = Muy alto

Fuente: American Heart Association


EJERCITANDO LA MEMORIA
Las actividades cognitivas pueden ejercitarse

¿Dónde está mi agenda?, ¿cerré la llave del gas?, ¿a quién tenía que llamar? Los olvidos cotidianos parecen inevitables y muchas personas se resignan a padecerlos. Pero estudios recientes demuestran que la pérdida de la memoria no forma parte del normal envejecimiento. ¿Se puede mantener la memoria en buen estado durante toda la vida? Sí, se puede entrenar la mente para mantenerla en forma.
"A partir de los 50 años ocurre un deterioro leve de la memoria y otras funciones cognitivas como el lenguaje, el sentido de la orientación y la función ejecutiva, que se ubica en el lóbulo frontal y permite planificar el día y tomar decisiones básicas", dice el doctor Conrado Estol, director del Centro Neurológico de Tratamiento y Rehabilitación.
Ese desgaste -apodado disfunción cognitiva mínima- es normal. No obstante, "es leve y no interfiere con las actividades de la persona, que suele compensarlo con experiencia e información acumulada", dice la licenciada Adelaida Ruiz, especialista en rehabilitación cognitiva del citado centro.
Sin embargo, cuando el deterioro es importante y empieza a afectar la vida cotidiana -una cosa es no encontrar las llaves y otra no saber para qué sirven las llaves-, esto puede deberse a enfermedades degenerativas, como el mal de Alzheimer, a procesos de deterioro vascular o a traumatismos de cráneo.
Los trastornos de la memoria y cognitivos "también pueden acompañar a la depresión, a los trastornos de ansiedad, al déficit de atención e hiperactividad del adulto o pueden aparecer como efectos adversos de ciertas drogas", advierte el neurólogo Facundo Manes, director del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco).
No obstante, en los adultos mayores, perder la memoria puede deberse más a dejar de tener una vida laboral, aislarse y carecer de motivación que al envejecimiento en sí mismo. Distintos estudios que compararon el rendimiento intelectual de jóvenes universitarios y personas sanas de la tercera edad muestran que obtienen similares resultados dado que los mayores compensan su menor velocidad mental con un mayor cúmulo de conocimientos previos.

Factores protectores

Investigaciones recientes señalan que ciertos patrones de nuestro estilo de vida pueden convertirse en un factor protector frente a los trastornos cognitivos en general, y de memoria en particular. Se sabe que mantener una buena salud física es fundamental para proteger nuestro cerebro del deterioro. La realización periódica de ejercicios físicos y una dieta rica en frutas y verduras, que evite las grasas, las frituras y la sal en exceso, ayuda a mantener la mente en forma.
"Hoy la causa número uno de la pérdida de memoria es la enfermedad cerebrovascular -dice Estol-. El haber tenido colesterol elevado en la tercera década de la vida incide en el desarrollo de trastornos de la memoria y Alzheimer a partir de la cuarta. Un diagnóstico temprano de los factores de riesgo vascular, como la hipertensión y la diabetes, que suelen estar muy mal controladas, pueden evitar el deterioro cognitivo y la llamada demencia senil."
Pero además es sumamente importante mantener una buena salud emocional, ya que el estrés, la depresión y la ansiedad tienen consecuencias negativas para las funciones intelectuales. Si bien niveles moderados de estrés pueden ser estimulantes, "cuando es demasiado alto o se mantiene por períodos prolongados, puede afectar las conexiones del hipocampo, una estructura asociada a la capacidad de adquirir y memorizar nuevos conocimientos", explica Manes.
Otro factor del estilo de vida que puede protegernos o predisponernos al deterioro cognitivo es el grado de actividad y ejercitación mental que tengamos a lo largo de la vida. Varios estudios han reportado un riesgo mayor de deterioro cognitivo y enfermedad de Alzheimer en personas con menor nivel educativo.
Algunos expertos especulan con que el aprendizaje en sí estimula un mayor crecimiento de las neuronas, y por lo tanto puede crear una reserva más grande en el cerebro de tal forma que toma más tiempo que las células cerebrales sean destruidas. Otros creen que factores de índole socieconómico, como la dieta y la peor calidad de vida que en general tienen las personas de nivel cultural más bajo, las hacen más vulnerables.

Entrenamiento cognitivo

Otros estudios demuestran que la ejercitación y estimulación cognitivas pueden retrasar la aparición de los trastornos de memoria y de las funciones intelectuales en personas sanas. Y hoy existen programas de entrenamiento cognitivo, ya sea mediante ejercicios individuales o talleres grupales, que permiten mantener la mente en forma.
María del Carmen, de 55 años, trabaja en un organismo internacional y hace un año asistió a un taller de entrenamiento de la memoria. "Lo hice para incentivar áreas de pensamiento que no utilizo habitualmente -cuenta-. El taller me sirvió para descubrir otras herramientas, como el pensamiento paralelo, que me ayudan a encarar los problemas desde distintos enfoques y a encontrarles varias soluciones."
"Empecé a perder las llaves, los anteojos y a olvidarme de que tenía que ir a algún lado -dice Teresa, de 66 años, ama de casa-. Esto me empezó a preocupar y decidí hacer una evaluación de memoria. El test me dio bien, pero igual empecé a participar de un programa de entrenamiento cognitivo, con juegos, lecturas y pruebas de ingenio que me están dando excelentes resultados. Ya no pierdo las cosas y me organizo mejor", confiesa.

Fuente: María Naranjo - La Nación, 5 mar 2006

Consejos para ejercitar las habilidades cognitivas

Mantener las habilidades mentales (memoria, atención, planificación) en forma es un objetivo que puede lograrse respetando los siguientes preceptos:
§ A partir de los 50 años, controle periódicamente sus habilidades mentales realizando una evaluación sistemática éstas.

§ Lleve un estilo de vida sano, evitando el alcohol y el tabaco.

§ Realice ejercicio físico periódicamente.

§ Trate de evitar situaciones de estrés emocional y permítase disfrutar de actividades recreativas.

§ Mantenga una amplia gama de intereses y hobbies.

§ Intente mantener una vida socialmente activa.

§ Intercambie momentos y opiniones con personas de menor edad.

§ Realice periódicamente ejercicios para mantener su mente activa.

¿Qué tipo de ejercicios? Aquí va una pequeña lista:

§ Mire una película y explique la trama a quien no la haya visto.

§ Haga las cuentas mentalmente en el supermercado y luego compárelas con el resultado al pagar.

§ Lave sus dientes con la mano no dominante.

§ Cuando atiende el teléfono trate de reconocer al que llama antes de que se identifique. Luego intente memorizarlo. Al final del día escriba el nombre de todas las personas que llamaron.

§ Cuando entre en un cuarto lleno de gente trate de estimar rápidamente cuántas personas hay a su derecha y cuántas a su izquierda.

§ Cuando cene en un restaurante o en casa de un amigo, trate de identificar los ingredientes utilizados en el plato que está comiendo. Concéntrese en los sabores sutiles. Luego verifique sus percepciones con el mozo o con su amigo.

Trucos que evitan las "lagunas"

¿Los pequeños olvidos forman parte de su vida cotidiana? Aquí hay una serie de trucos que pueden serle de gran utilidad:
§ La memoria de trabajo es de corto plazo y sólo sirve para guardar 6 o 7 datos. Un truco para expandirla es segmentar la información. Para recordar un número de 9 dígitos, divídalo en grupos de 3.

§ Conozca qué tipo de memoria está más desarrollada en usted. Si es la visual, apóyese en imágenes. Si es la auditiva, repita para sí lo que se desea recordar.

§ Utilice varias vías para recuperar la información. Cuando olvidó una palabra, recurra a un sinónimo. Los crucigramas y juegos de letras ayudan a agilizar la mente.

§ Haga una cosa por vez. Esto ayuda a focalizar la atención.

§ Sea organizado. Tenga un solo lugar para las llaves, uno para los anteojos, otro para el celular. Decida si va a llevar la agenda siempre o si la va a dejar en su casa, así no tiene que recordar si la llevó o no.

Dónde consultar:

§ Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco): (011) 4807-4748.

§ Centro Neurológico de Tratamiento y Rehabilitación: (011) 4811-1875.

Fuente: La Nación, 5 mar 2006


 

ATAQUE CEREBRAL

¿Cuáles son las señales de aviso de un ataque al cerebro?
Un ataque cerebral ocurre cuando uno de los vasos sanguíneos que nutre el cerebro se bloquea o revienta. Por consecuencia, la parte del cerebro correspondiente pierde funcionamiento. La parte del cuerpo controlada por esa sección del cerebro también pierde funcionamiento.
Los TIAS, o "transient ischemic attacks" (ataques isquémicos transitorios), son "ataques de aviso" que pueden ocurrir antes de un ataque al cerebro grave. Ocurren cuando un coágulo bloquea una arteria por poco tiempo. Generalmente duran sólo unos minutos. Si usted siente algunas señales, ¡vaya a un hospital inmediatamente!
La presión alta no controlada, el colesterol alto, el fumar y las enfermedades del corazón elevan su riesgo de un ataque al cerebro.
Los ataques al cerebro son la tercera causa de muerte en este país. También son una principal causa de incapacidad severa a largo plazo. Los personas mayores de 55 años tienen más probabilidades de un ataque cerebral y su riesgo aumenta a medida que envejecen. Los hombres, los afroamericanos y las personas con diabetes o enfermedades del corazón son las que corren más riesgo de un ataque al cerebro.
La buena noticia es que unas 4.8 millones de personas que han tenido un ataque cerebral están vivas todavía. Es importante reconocer las señales de aviso de un ataque cerebral. Si usted actúa rápidamente y va a un hospital de inmediato, puede prevenir un ataque al cerebro serio o ¡salvar su vida!
Su familia y usted deberían aprender las señales de aviso de un ataque al cerebro. Se puede tener algunas o todas ellas:

o Falta de sensación o debilidad repentinas en la cara, el brazo o la pierna, especialmente
en un lado del cuerpo
o Problemas repentinos para ver con uno o los dos ojos
o Problemas repentinos para hablar o entender lo que dicen otras personas
o Pérdida de equilibrio o de coordinación repentina
o Dolor de cabeza fuerte y repentino sin causa conocida

¿Cómo ocurre un ataque cerebral?
Un ataque cerebral ocurre cuando uno de los vasos sanguíneos que nutre el cerebro se bloquea o revienta. Por consecuencia, la parte del cerebro correspondiente pierde funcionamiento. La parte del cuerpo controlada por esa sección del cerebro también pierde funcionamiento.
Los TIAS, o "transient ischemic attacks" (ataques isquémicos transitorios), son "ataques de aviso" que pueden ocurrir antes de un ataque al cerebro grave. Ocurren cuando un coágulo bloquea una arteria por poco tiempo. Generalmente duran sólo unos minutos. Si usted siente algunas señales, ¡vaya a un hospital inmediatamente!
La presión alta no controlada, el colesterol alto, el fumar y las enfermedades del corazón elevan su riesgo de un ataque al cerebro.

¿Cómo prevenir un ataque cerebral?
Usted puede salvar su vida o evitar quedar incapacitado por un ataque cerebral si usted hace estas cosas:

o No fume, y evite el humo de otros fumadores.
o Trate la presión arterial alta si la tiene.
o Siga una dieta saludable baja en grasa saturada, colesterol y sal.
o Haga actividades físicas regularmente.
o Mantenga su peso bajo control.
o Siga las indicaciones de su médico para tomar medicinas.
o Controle la azúcar en sangre si tiene diabetes.
o Hágase chequeos médicos con regularidad.

Fuente: American Heart Association



CIRCULO DE JUBILADOS Y PENSIONADAS DE PILOTOS DE LINEAS AEREAS

El EJERCICIO AUMENTA UN 6% LA MASA OSEA
El jueves es el día mundial de este trastorno; el lema de este año insta a aumentar la actividad física como prevención


Desde que su madre se fracturó por primera vez la cadera a causa de la osteoporosis y los médicos le dijeron que ésa era una enfermedad hereditaria, Celia Casals decidió que haría todo lo posible para no repetir la historia. Por eso, cuando a los 50 años una densitometría ósea le reveló que sus huesos estaban descalcificados y que el peligro de fractura era inminente, Celia decidió darle pelea a la enfermedad.

"Decidí hacer justo lo que mi madre no había hecho: respetar el tratamiento y hacer actividad física -cuenta esta psicóloga de 64 años-. Hasta ese momento, con tres títulos universitarios, era intelectualmente activa, pero de ejercicios nada. Empecé con yoga y después fui a un gimnasio... y me encantó. Desde entonces fui evolucionando: hice gimnasia aeróbica, step, musculación, aerobox y ahora estoy corriendo."

¿Y los huesos? "Según la última densitometría, están casi dentro de parámetros normales -responde-. Mejoré enormemente de la osteoporosis y no he tenido ni fracturas ni problemas relacionados con la enfermedad."

Estimular la actividad física es, justamente, el objetivo central del Día Mundial de la Osteoporosis que se celebra este jueves en el mundo. "¡Muévalo o piérdalo!", en alusión al esqueleto, es el lema elegido por la Fundación Internacional de la Osteoporosis (IOF, según sus siglas en inglés) para informar sobre su utilidad en la prevención y el tratamiento.

"En la niñez y la adolescencia, la actividad física es necesaria para desarrollar al máximo el potencial óseo, pues los huesos crecen sólo hasta los 20 años. De ahí en adelante, el ejercicio ayuda a mantenerlos sanos, evitando la pérdida ósea que puede llevar a la osteoporosis", afirma el doctor José Zanchetta, representante de América latina en el Comité Directivo de la IOF.

"Quien lleva un estilo de vida sedentario -agrega- puede aumentar hasta un 6% su capital óseo al hacer actividad física, lo que reduce su riesgo de fracturas."

El sedentarismo, por el contrario, demostró ser un camino directo a la descalcificación. "Estudios en pacientes inmovilizados por largos períodos muestran que tras 180 días sin movimiento, los huesos pierden el 60% de su masa ósea", dice Zanchetta.

¿Por qué es necesario moverse para no perder hueso? Porque los osteocitos (células encargadas de mantener en forma el esqueleto) dirigen la formación de hueso sólo donde "creen" que hace falta. Y para determinar cuáles son los huesos en los que hay que reponer masa ósea se guían por la resistencia mecánica que perciben a través de los tendones.

"Los músculos terminan en los tendones, que están pegados a los huesos -explica-. Cuando uno contrae un músculo está tironeando del hueso; cuando los osteocitos perciben esa resistencia activan los osteoblastos, las células formadoras de hueso."

Pero la actividad física no sólo ayuda a mantener la salud de los huesos. "También contribuye con la fuerza muscular y con la estabilidad de la persona, y ambas ayudan a disminuir las caídas", apunta el osteólogo. Un reciente estudio citado por la IOF en su informe sobre el Día Mundial de la Osteoporosis 2005 revela que la práctica del tai-chi reduce un 47% el riesgo de caídas y un 25% el de sufrir una fractura de cadera en adultos mayores.

Es que estar activo no significa necesariamente practicar deportes con miras a participar en los próximos juegos olímpicos. De lo que se trata es de moverse para mantenerse saludable, pero también para sentirse mejor. "Creo que la actividad física es el descubrimiento más importante que hice en estos últimos años -acota Celia-. Me ha aportado una capacidad de trabajo extraordinaria, estabilidad emocional y un buen humor permanente."

fuente: Sebastián A. Ríos - La Nación, 18 oct 2005


DISFAGIA

Afecta al 45% de los adultos, pero se puede prevenir
Toser al tragar alimentos pequeños es una señal de alerta que suele subestimarse
Un trastorno de la deglución frecuente en los mayores de 75 años

Aunque los problemas para tragar y digerir los alimentos suelen ser más frecuentes a partir de los 75 años, no es necesario llegar a la tercera edad para reconocer ciertas señales de alarma al comer o beber que pueden prevenir la aparición de uno de los trastornos más comunes del proceso de deglución, la disfagia.

Si se considera que ese proceso comienza al masticar la comida y formar el bolo alimenticio, entonces el 45% de los adultos tiene riesgo de desarrollar esa desagradable sensación de que los alimentos quedan atascados en la garganta sin avanzar al estómago. Entre las personas que viven en residencias para adultos mayores, esa cifra sube al 66 por ciento.

"La disfagia no es una enfermedad, sino un conjunto de síntomas de una enfermedad -aclaró a LA NACION el licenciado en kinesiología y fisiatría Horacio Cámpora, integrante de la Clínica de la Deglución de Fleni-. El primer síntoma es la imposibilidad de tragar, la tos y hasta el ahogo que sufre el paciente ante la dificultad deglutoria que, de prolongarse [y no consultar a un médico], puede provocar deshidratación y desnutrición por la falta de alimentos y líquidos con la calidad y en la cantidad adecuadas."

Entre las causas más frecuentes de disfagia están las alteraciones de la anatomía o el funcionamiento de la garganta y el esófago, ya sea por el paso de los años o por alguna enfermedad del sistema nervioso o muscular, como puede ocurrir en los pacientes con Parkinson o que han tenido un accidente cerebrovascular. También están en la lista las prótesis dentales, cuando están mal colocadas, quedan flojas o el paciente no utiliza adecuadamente el adhesivo para fijarlas a las encías.

"Hay pacientes que sufren una alteración de la deglución sólo porque tienen prótesis dentales. Como no pueden masticar bien alimentos como la carne o el pollo, empiezan a tener problemas para tragar, cambian los hábitos alimentarios y muchos empiezan a perder peso", comentó Cámpora. En este caso, la solución es consultar al médico para, en caso de no poder modificar la prótesis, cambiar adecuadamente la alimentación para mejorar la preparación del bolo alimenticio.

"Si interpretamos que el proceso de deglución empieza al masticar, esos pacientes, que son muchos, tendrían disfagia -agregó el especialista en rehabilitación de pacientes con problemas para alimentarse-. Hay muchos autores de la literatura médica que opinan que la disfagia se limita a la imposibilidad de tragar el bolo alimenticio." Sin embargo, lo más frecuente en los consultorios es considerar la masticación como el punto de partida del proceso digestivo.

Problemas estructurales

En la población general, un tipo de disfagia frecuente es la provocada por cambios estructurales en la zona de la garganta, como son los que pueden producir los tumores de cabeza y cuello, las traqueotomías o el uso de sondas nasogástricas.

Muchas veces, los pacientes llegan a la colocación de la sonda por haber desatendido señales de alarma como la tos al comer ciertos alimentos que antes podían tragar sin dificultad o la necesidad de hacer varios intentos para poder tragar un mismo bocado.

"En estos casos, cuando se diagnostican a tiempo, lo más aconsejable es cambiar la alimentación diaria del paciente y evitar ciertos productos para que siga disfrutando normalmente de lo que le gusta y, sobre todo, se pueda evitar tener que usar una sonda nasogástrica", precisó Cámpora.

Los otros dos tipos de disfagia son la orofaríngea (cuando un problema en la boca y la faringe impide el paso de los alimentos líquidos o sólidos) y la esofágica (cuando la causa de la imposibilidad de tragar es un trastorno motor o sensitivo). "Es frecuente escuchar que a un abuelo le cuesta comer y tose -comentó-. Cuando esto ocurre por segunda vez, hay que observar con qué alimentos ocurre y consultar a un médico."

Las migas de pan, el pan con centeno, el arroz, las lentejas, las arvejas, las frutas con pellejo, como la naranja y la mandarina, y las frutas con semillas pequeñas, como la frutilla o el kiwi, son los alimentos que se recomienda evitar para prevenir que la disfagia avance hacia un problema más grave. "La tos ayuda a que los alimentos no ingresen en el pulmón, por lo que no hay que insistir en comer cierto alimento cuando una persona tose una o dos veces, ya que ese reflejo natural y primer síntoma de disfagia irá desapareciendo", dijo Cámpora.

A los pacientes con Parkinson el especialista recomendó darles la comida una vez que el medicamento indicado hizo efecto y que la persona puede nuevamente coordinar bien labios, lengua, faringe y laringe.

Pero si el endurecimiento muscular o la reducción de la movilidad del tubo digestivo que causan esa sensación de que los alimentos no pasan por la garganta o se atascan al tragar se deben sólo al paso de los años, realizar natación, yoga o ejercicios kinesiológicos puede devolver la funcionalidad perdida y eliminar la disfagia.

fuente: Fabiola Czubaj - La Nación, 27 jun 07

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